Goma de borrar

Con el tiempo, las palabras dejan de tener sentido. Estas que antes te daba, hoy se fueron al olvido. Y es que, sin quererlo, me olvidé de que mi pasado tiene importancia. Si tú eres mi presente, ¿de qué me sirven esas vanas muestras de afecto? Darle una despedida inmerecida no tiene lógica, pero es mi sino, es la señal de que un día existió una niña que amaba como ahora no soy capaz de hacerlo.

Realmente destrozaste este corazón, así que… ¿para qué quedarse con los recuerdos?

No quiero ni un poco de ese amargo amor que siento ahora, no quiero ni la pequeña muestra de afecto.

Solo tengo resentimiento y miedo, y con eso es con lo que me quedo.

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Traiciones

Porque me olvidé de ti, o al menos intenté hacerlo.

Ahora lo veo: qué horrible tapadera. ¡Si hasta veo los agujeros a través de ella! Y son hoyos demasiado grandes como para pasarlos por alto, pero deseaba tener una ceguera amplia, que me impidiera ver la verdad y, curiosamente, me fue muy fácil conseguir una. Solo tuve que ver a mi alrededor, ver un rostro que me parecía hermoso. Me dije que esa era la cara que quería ver cada mañana al despertar y… ya está. 

Yo, feliz de haberme enamorado de alguien. Pero, ¿adivina qué? Yo no lo amaba como te amo a ti, Samuel. No creo que pueda querer a alguien de la misma manera, con tanto estrépito, con tanta razón. Y no me arrepiento de quererte, porque eres lo más real que he podido encontrar. Sin ningún estereotipo que seguir, sin marcas, sin falsas identidades. ¡Qué fantástico encontrar a alguien así!

Maravilloso, guapo, inteligente. Eres… no sé: amable, divertido. Hermoso en todos los sentidos.

Así que, ¿sabes de qué me arrepiento? De haberle dicho a otro que le quiero, porque ahora él cree que mi corazón es suyo. Mi corazón ya tiene dueño, y me da igual lo que haga con él.

Pero, al menos, si lo rechaza, que por favor lo destroce, porque no quiero sentir con nadie lo que sentí por él.

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¿Acaso hay algo que se pueda rescatar?

Decidme, por favor, no, mejor aún, dime tú, mi vida, mi Sol, si hay algo en mi interior que no esté muerto, que no hayas matado tú con tus palabras hirientes, con tus silencios aún más dolorosos. Recuérdame por qué lucho cada maldito día de mi vida y me levanto para ver una luz que es demasiado dañina para mí.

Si prefiero dormir en la oscuridad, quiero saber por qué estoy aquí, intentando contener la ansiedad que produce en mí todo este color cuando solo quiero que el negro me envuelva. Porque sin el verde de tus ojos no hay nada que pueda o quiera sentir.

A veces me rindo y otras siento que doy un paso adelante y dejo de pensar en ti, pero la mayoría de las veces vuelvo a ocultar la cabeza y empiezo a llorar.

Así que quiero que por una vez hables, puedes ser sincero. Dime si puedes ver algo en mí que merezca la pena, porque cada vez veo más y más fácil irme… dejar todo y no tener que mirar nada nunca más de frente.

P.D.: sanctuaryforanangel.blogspot.com

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Este es mi adiós definitivo

“Ahora que sé que no soy yo me siento mejor, adiós y hasta siempre.”

Releo las palabras, una y otra vez. ¿Acaso te acabo de partir el corazón? Fuiste mi vida, realmente lo fuiste una vez, pero ahora todo es distinto. No es que te quiera, es que no deseo hacerlo, porque temo volver a perderte, temo que vuelva a suceder. Una vez me dije que no cometería los mismos errores del pasado y no lo dije por ti, lo dije porque hace tiempo descubrí que no puedes tener a tu príncipe azul; el mío se ha ido hace mucho.

¿Por qué digo todo esto? Porque tengo miedo de perderte. Hace un año que he comenzado esta aventura; iba de tu mano y eso me daba fuerzas, pero ahora no te tengo, ahora no tengo a nadie. Así que no puedo volver a confiar. No es personal, es la verdad y eso me destroza aún más, aunque no tanto como tu “hasta siempre”. ¿Realmente pretendes que yo me dé por vencida, que deje que este se convierta en nuestro último adiós? El definitivo.

Yo siempre lucho, recuérdame así, de ese modo, luchando, una y otra vez. Recuerda que cuando nos distanciamos quise arreglarlo, recuerda que cuando lloraba lo hacía por ti. Recuerda que sigues en mis pensamientos. No quiero hacerme ilusiones, no quiero llorar, no quiero decirte que te quiero y por eso lo hice mal, porque ahora estamos más alejados que nunca y ya no existe ningún pegamento que pueda arreglar todas esas grietas sin que quede ni una fisura demasiado grotesca, una cicatriz imborrable. Pero, y lo digo sin rodeos, puedo vivir con una cicatriz más. Es solamente que no deseo saber que puede reabrirse la herida, tengo miedo a volver a vivir.

Tú lo dijiste, el amor es como el cristal, pero no lo es por la luz, porque existen amores oscuros, no lo es porque todos tenemos claro que se va a romper. Es una paradoja, cierto. Pero, ¿sabes por qué el cristal es como el amor? Porque podemos ver a través de él y saber si es real o no, si su pureza no es más que una fachada.

¿Y si te dijera ese tópico? No es por ti, es por mí.

Porque hace un año el cristal era… ¿sucio? Porque hace un año me enamoré. Y te quiero, y es cierto, pero hace un año elegí otro camino. Siempre me enfadaré contigo por lo que me hiciste, ironía de la vida, pero, ahora me doy cuenta, la culpa es mía.

Y por eso te lo digo ahora, porque hace exactamente un año que empecé a escribir aquí.

He encontrado el pegamento que necesitamos, porque la grieta es la que yo he creado y existe un modo de taparla:

Lo siento. Siento haber amado esos ojos verdes. Siento haber soñado con esos cabellos rubios. Siento haberme dado cuenta demasiado tarde de lo que he hecho. Porque no sé si te hice daño, pero sé que pude hacerlo, que si me encontrara al otro lado me caería del sufrimiento y, lo más importante de todo, que todos los días sale el sol.

Gracias, Arón García.

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Lo siento tanto…

Siento amarte; lo digo en serio, porque no deseo hacerte daño y me he dado cuenta de que, sin motivos, sin razón, siempre te he afligido. No intentaré jamás evitar esta situación, por egoísmo y porque deseo tu belleza, la calidez de tu perfección, así que es cierto, la culpa es mía. Siempre lo ha sido, pero solo ahora me doy cuenta y no sé cómo decírtelo, porque te has ido y si mi vida se ha ido con tu recuerdo, el dolor sigue estando en ese vacío que era mi alma.

No sé ni siquiera cómo decirte todo lo que siento, ya no puedo explicártelo, pero existe un modo de hacerte ver lo que mis ansias de perdón implican: ya no puedo escribir, intentar crear composiciones hermosas, y tú sabes cuánto me gusta enlazar las palabras, es lo único que me ayuda a superar el sufrimiento, pero si esas frases mal escritas te hacen daño, no puedo seguir, porque te lo dije mil y una veces: te amo y prefiero verte sonreír, padecer mi propio dolor y el tuyo, pero que tú puedas seguir iluminando.

Lo siento, lo siento, de verdad, pero siempre diré que necesito verte, que abres mis ojos y que eres la persona que crea mis sueños: me haces feliz y a la vez, la persona más desgraciada del mundo y, corrígeme si me equivoco, pero para mí eso es amor. Y te amo con una fuerza intensa con la que nunca podrás acabar. Ya lo has intentado y ya me ves, aquí sigo, pensando en la persona más maravillosa que Dios me ha proporcionado.

No puedo decirte que lo siento, porque no dejaré de quererte; si cabe, lo haré con más fuerza. Intentar no meterme en tu camino es imposible, porque quiero ser la persona en la que pienses cada noche, con la que te despiertes cada mañana, a la que beses y le cuentes tus problemas. Siento no ser como quieres que sea, pero también siento que no comprendas la fuerza de mis sentimientos y que no te des cuenta, tras tanto tiempo, que yo no dejo escapar los sueños y que siempre, siempre lucho.

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Cicatrices

Jamás dejaré de amarle, de intentar retenerlo y decirle lo que siento por él. Jamás podré negar lo evidente, lo mucho que le amo, porque él está presente, en cada pensamiento, en cada uno de mis movimientos. Y en los recuerdos.

Es imposible dejarlo todo de lado, abandonar todo lo que he sentido, todo por lo que he luchado durante un año, sin sentir un remordimientos, sin preguntarme qué podría ocurrir. Es extraño no querer dejar el dolor, pero lo es más dejar todo sentimiento. Me atengo al sufrimiento, a la furia, si de ese modo puedo sentirme más cerca de lo que siento.

Porque las heridas son ahora cicatrices, aunque tan dolorosas como cuando la carne estaba desgarrada y sangrante. Ahora el dolor es mudo, mudo aunque también intenso, por otra parte. A veces creo que puedo volver al principio y otras es demasiado agudo el sentimiento de vacío.

Pero aún así, es bonito cerrar los ojos y recordarlo: saber que aún me acuerdo de él. Son momentos en los que da igual el miedo y la desesperación, en los que los errores ya no queman de forma tan atroz sobre la piel. En los que aventurar que jamás te olvidaré no es una broma de mal gusto ni lo que piensa una enamoradiza, sino una realidad tangible.

Sino tuviese cicatrices, no habría dejado marcas, pero la veo, todos los días, al despertarme: está en las ojeras, en los ojos cansados y rotos, en las sonrisas soñadoras… En los inmensos dolores que me sacuden.

Las cicatrices me envuelven y yo las dejo pegarse a mi cuerpo, las dejo libres, porque a veces me despierto sin recordar un rostro, y duele; el miedo es peor que el dolor y aseguro que el miedo de perder las memorias es lo que me entierra en este foso de desesperación.

Quiero acordarme de cada uno de los momentos que pasé a su lado, o en la distancia, siempre que hayan sido pensando en él. Quiero, y por eso, las cicatrices son, para mí, una bendición.

A veces me pregunto si yo soy solo el amasijo de piel y huesos restante de esta metamorfosis. Pero entonces escribo, o dibujo. Y me dedico en cuerpo y alma a la persona que consigue hacer latir mi corazón. A veces miro el dibujo que le hice, el que nadie nunca comprendió.

Y entonces, las cicatrices vuelven a ser piel sangrante que me transmite sentimientos y yo vuelvo a estar viva.

Eso es lo único que cuenta.

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Hoja en blanco

Y limpió sus lágrimas, aunque tenía la seguridad de que volvería a llorar; abriendo una libreta por una página cualquiera se prometió que jamás cambiaría sus convicciones. Con sus ideas de bohemia retomó el relato, cuidando como siempre que lo que decía fuera lo que sentía y volvió al principio, a ese momento en el que se dio cuenta de que lo amaba. Sabía que había sido en aquel entonces cuando su vida había dado un giro y una etapa desconocida dio lugar a otra aún más extraña.

Sabía que la hoja se había agotado rápidamente, absorbiendo, ávida, las palabras en tinta azul que la apoyaban y la mimaban. También ella se sentía excitada; hacía tiempo que se había prometido volver a escribir.

Y ahora lo hacía, con un nuevo dolor en sus ojos y piedras en el corazón, azuzada por el miedo a perder el tiempo y a no cuidar todo aquello que el destino le depararía. Desde luego, no tenía que ver con el amor que había sentido al principio, sino con la vida, con toda ella en general. Había crecido, pero aún sentía un enorme peso a sus espaldas: el perdón que se sentía obligada a pronunciar, una vez más.

Intentaba sonreír.

Pero el único modo de hacerlo era abriendo una libreta, arrancando todas sus páginas escritas y volcando toda su imaginación en un nuevo proyecto, en una página en blanco.

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